miércoles, 23 de enero de 2013

Creaciones lterarias

POESÍA

Este poema lo hemos realizado en clase en la sesión de hoy. La realización de este poema consistía en realizar un texto en verso a través de preguntas. La poesía es la siguiente:

¿Por qué eres tan feliz?
Porque la vida me sonríe.
¿Por qué te sonríe la vida?
Porque no me pone barreras.
¿Por qué no te pone barreras?
Porque quiere mi felicidad.

Otro texto en verso que he creado, se ve reflejado en el libro que hay que llevar a clase. Es una adivinanza a través de dibujos y metáforas. La adivinanza es la siguiente:

¿Quién soy?
Yo voy con mi casa al hombro, 
camino sin tener patas
y voy marcando mi huella
con un hilo de plata.
Si se me olvida mi casa...
¡soy una babosa!  
Mi cabeza saco al ver los rayos del sol.
Y ahora te pregunto...
 ¿quién soy yo?   

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 



 

 
 
 
PROSA

EL INVENTOR HELSIMPI

Juan Helsinpi era un inventor. Se pasaba los ratos del día inventa que te inventa. Juan leía muchos librosviejos y pintaba máquinas rarísimas en un cuaderno de cuadrículas de tapas verdes. Últimaente hacía vida en casa, no salía a la calle. Dormía muy poco y hablaba solo en voz alta. 

- ¿Qué es lo que te pasa Señor Helsimpi?- le preguntaban sus queridos y amables vecinos.
- Nada- respondía él-. Que estoy a punto de sacar un invento.
-¿Qué invento?-  le decían.
- Uno que haga llover a las nubes cuando yo quiera, que cambie las despreocupadas costumbres de muchos hombres y que desaparezcan del diccionario las palabras feas.

Un día le vieron salir con un gran saco al hombro.
-¿Qué llevas ahí?- le preguntaron.
- Un invento- respondió él, que iba marcando el paso con dificultad porque levara lo que llevara en el ses bolsa tenia pinta de pesar bastante.

Y con el invento salió del pueblo, cruzó la ciudad más cercana, atravesó la frontera, sobrevivió a temporales extremos, recorrio montañas y más montañas, valles, puentes y todo tipo de terrenos hasta llegar al desierto del Sáhara.

Una vez instalado en el desierto, sacó de la bolsa el artilugio que había inventado y lo dejo sobre la arena, para que a través del sol, obtuviera energía para poder funcionar. La máquina era pequeña y tenía un gran parecido a una lavadora. Tenía siete brazos de plástico, dos bocas de aluminio y muchos cables por arriba y por abajo.

-¡Ya está!- se dijo-. Ahora a esperar.

Llenó el invento de arena y, al cabo de tres horas, salió de las tripas del artilugio madera, plástico y hieero que provocó un huracán fortísimo que amontono toda la rena del Sáhara en un lado y dejo visible el suelo fresco de tierra húmeda. ese suelo era perfecto para cultivar hortalizas y cereales.

Tres días después, el suelo se lleno de hortalizas, cereales, verduras.... todo tipo de comida. No tardaron mucho los niños, ancianos y padres en ir a visitar el lugar y incharse a comida. 
Juan Helsinpi estaba encantado de ver a la gente como sellenaba la tripa. De voz en voz, la mayor parte de África se entero de lo que estaba sucediendo en el desierto del Sáhara. 
La multitud saludaba al inventor y le abrazaba. Tenían una gran admiración haci él, ya que les estaba ofreciendo comida. 
Una tarde de invierno, unos hombres vestidos de negro, bigote negros, ojos negros, gafas de sol negras, coches negros,. todo negro, se presentaron ante el viejo invetor y le dijeron que le compraban la máquina por el dinero que él quisiese. Juan les dijo un ¡no! rotundo, ya que era su invento y disfrutaba viendo como la gente se alimentaba gracias a él. Uno de los señores de negro que estaba muy enfadado le contestó:
 
- Vete de aquí. Este desierto siempre ha sido de arena. Y estos habitantes de África siempre han padecido el hambre. De modo que tus máquinas no pueden regalarles ahora comida.
 
-¿Por qué no?- le preguntó Juan

-Porque la comida nos la tienen que comprar a nosotros y con tu invento haces que no ganemos dinero porque los habitantes no nos compran comida, ¿lo entiendes?.

-No lo entiendo- respondió Helsimpi.

Los hombres de negro muy enfurecidos cogieron un palo de madera y le empezaron a destrozar la máquina que había inventado Helsimpi. Esto hizo que el desierto, desde entonces y como siempre, volvió a convertirse en desierto de arena y la gente que estaba llegando o que había llegado al desierto del Sáhara, triste y desolada, se tuvo que dar media vuelta y volver a sus casas.

Juan Helsinpi regresó al pueblo y cuando este les contaba la historia de lo que le había pasado en el desierto del Sahara, pero los vecinos de supueblo se reían de él y le preguntaban que cuál iba a ser la siguiete chorrada que iba a inventar.
Juan decía:
-Mi próximo invento va a ser una máquina que haga sonreír a la gente. La sonría ni se compra ni se vende, solo se tienen  y se disfruta. Nadie la podrá quitar de la cara. 

En ella trabaja Juan Helsimpi. Así lleva más de cien años y cada treinta de febrero, el día de los imposibles, abre las ventanas de su casa y grita por la ventana:

-¡Ya casi lo tengooo!
 
 
TEATRO
 
 
Los personajes: Un anciano, dos viajeros y un juez.
 
La historia se desarrolla en el desierto, cenca de un oasis, y en el despacho de un juez. 
 
(La acción se desarrolla en el oasis de un desierto. Aparece un anciano a escena. Camina lentamente, de cuando en cuando se detiene, da vueltas sobre sí mismo, mueve la cabeza de un lado para el otro. Por el otro lado aparecen dos viajeros que hablar entre sí, sus gestos son de preocupación. El anciano los ve y se dirige a ellos).
 
ANCIANO. ¿Habéis perdido un camello?
VIAJERO 1. ¡Sí! ¿Cómo lo sabes?
ANCIANO. ¿Es un camello tuerto del ojo derecho y que cojea de la pata delantera izquierda?
VIAJERO 2. ¡En efecto!
 ANCIANO. ¿Es un camello que le falta un diente y que lleva en su joroba un cargamento de miel y de cereales?
VIAJERO 1 y 2. (Dando saltos de alegría) ¡Hurra! Lo hemos encontrado...
VIAJERO 1. Buen anciano, dinos dónde se encuentra nuestro querido camello.
ANCIANO. No lo sé. No he visto en mi vida un camello con esas características.
VIAJERO 2. ¿Cómo? (Con tono de enfado). ¿Te burlas de nosotros? Si no lo has visto, ¿cómo sabes tanto de él?
VIAJERO 1. Creo que nos está mintiendo. Tú lo has robado ¿verdad? Agárralo de ese brazo que yo lo cojo de éste. (Lo sujetan entre los dos.) Llevémosle ante el juez para que confiese.
ANCIANO. Soltadme, ¡por favor! ¡Soy inocente!
 
(Los tres se encuentran en un despacho y justo delante de ellos está sentado un juez)
 
JUEZ. Aciano, responde con total sinceridad, cómo ya sabrás en un juicio tienen que decir la verdad y solamente la verdad: ¿te declaras culpable del robo del camello?
ANCIANO. De ninguna manera, señor. Yo no he robado nada.
JUEZ. ¿Cómo nos puedes explicar a nosotros entonces qué conocieras tan bien todas y cada uno de las características del camello, todos sus defectos, si como, bien dices, no le has visto?
ANCIANO. (Con humildad.) Porque me fijo en lo que veo y lo analizo con un poco de sentido común...
VIAJERO 1 y 2. ¡Sí, claro! ¡Y vamos nosotros y nos lo creemos...!
JUEZ. ¡A callar! Déjenlo hablar...
ANCIANO. Verá, Señor juez, hace unas horas vi en el suelo las huellas de un camello; como junto a ellas no había pisadas humanas, comprendí que el camello se había perdido. Pensé que el animal era tuerto del ojo derecho porque la hierba de ese lado estaba intacta, mientras que la hierba del lado izquierdo estaba comida. Supe que cojeaba porque las huellas del pie delantero izquierdo, eran mucho más débiles que las demás huellas...
JUEZ. ¡Qué ingenio! Continúe, continúe...
ANCIANO. Luego vi que entre la hierba mordida quedaban siempre algunas sin cortar, por lo que deduje que le faltaba un diente.
VIAJERO 1. Señor juez, y ¿cómo nos explica lo de la miel y los cereales?
ANCIANO. (Sonriendo.) Muy fácil, observé cómo unas hormigas arrastraban los cereales y unas cuantas moscas volaban en torno a las gotas de miel que había en el suelo.
JUEZ. Eres un hombre sabia y dices la verdad (Se dirige a los viajeros.) Y vosotros, ¿qué decís ahora?
VIAJERO 1. Creo que nos hemos equivocado con usted. Perdónanos, por favor.
(El anciano asiente contento de que le hayan creído)
VIAJERO 2. Ahora si nos disculpáis, vamos a buscar a nuestro querido camello al desierto.
JUEZ. (Dando con el mazo en la mesa). Y colorín, colorado, este juicio se ha terminado.
 
 









 


1 comentario:

  1. Muy bien. Excepto en la poesía, no has dicho las estrategias usadas para crear.

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